Thursday, May 12, 2016

LA UNIDAD QUE LOS TRUJILLISTAS Y CAAMAñISTAS NECESITAMOS DEBE COMENZAR AHORA



Introducción

1.- Estoy plenamente convencido, persuadido en lo absoluto, de que en el mosaico político dominicanos hay todo un grupo de hombres y mujeres probadas en sus convicciones democráticas y progresistas, y con disposición de llegar hasta el sacrificio para ver materializadas sus creencias.

2.- De esos mismos sectores conozco su profundo pensamiento para analizar los distintos fenómenos que se dan en el seno de nuestra sociedad; les he visto accionando en diferentes escenarios aplicando los más variados métodos de lucha, pacíficos y violentos, legales e ilegales, en procura de que el pueblo dominicano alcance el poder político del Estado.

3.- En síntesis, lo que quiero destacar de los grupos políticos y sociales que he descrito, es que es palpable su abnegación, apego a sus principios y devoción por alcanzar los objetivos por los cuales han bregado sin reserva alguna. De ellos puedo decir que es auténtica su práctica, y con su posición política no hay transacción con los adversarios y ni mucho menos claudicación.

4.- Lo que me impulsa a escribir este artículo no es exaltar a esos luchadores sociales, modelo de perseverancia y coherencia en su comportamiento, sino expresar la inquietud que me genera el hecho de que esos mismos seres humanos virtuosos como accionantes de la política nacional decente, no hayan tenido la suficiente comprensión para acercarse mutuamente, y demostrando agudeza y desprendimiento unificarse alrededor de un órgano y programa mínimo.

I.- Para alcanzar el poder del Estado, comencemos de lo inferior para llegar a lo superior.

5.- Las fuerzas políticas nacionales que sinceramente aspiran a formar un gobierno de contenido democrático, saben que tomar el poder, quitárselo a la minoría nacional que lo detenta para provecho propio y contra el pueblo, constituye una gran conquista, la meta superior a lograr frente a los contrarios.

6.- El objetivo principal, el preeminente es llegar al poder, a tener el dominio de las instituciones del Estado, y para lograr ese fin poco importa comenzar por lo inferior, lo ínfimo, lo más pequeño. Nada quita iniciar minúsculos si tenemos la certeza de convertirnos en poderosos con base de apoyo popular y por una causa justa.

7.- Se inicia por lo sencillo, a lo de fácil acceso, no a lo intrincado, dejando para luego lo complicado, dificultoso y muy complejo. Los asuntos ligeros, factibles y manejables son abordados sin tropiezos; se simplifican, llevan a soluciones inmediatas para las partes que intervienen en conversaciones unitarias.

8.- Lentamente, en forma pausada, sin prisa ni desesperación alguna, aquellos que dominan la política y la aplican con sentido realista, avanzan firmemente poniéndose de acuerdo en los puntos que les unen; quienes están conscientes de lo que les conviene para beneficio del pueblo, en provecho del avance unificador, no tienen que avanzar raudos, veloces.

9.- Aquellos que han pasado más de las dos terceras partes de sus vidas en la lidia política, no tienen que hacer mucho esfuerzo para en interés de lo que se llama pueblo dominicano concordar asuntos que no requieren dificultad alguna concertarlos sin la mayor brega. Se hace amena, entretenida, una plática sobre la unidad de acción llevada a cabo con espíritu de unirse, comenzando con puntos comunes tendientes a la compenetración, a la alianza fructífera.

10.- Partiendo de la lucidez demostrada, la esplendidez exhibida en sus razonamientos; la gran sagacidad y correcta aplicación de los métodos más avanzados de las ciencias sociales, se supone que los principales actores del movimiento democrático del país reúnen las condiciones necesarias para alcanzar el poder del Estado y desde él ejecutar los proyectos siempre soñados de liberación total y definitiva.

11.- Si los sectores políticos con posibilidad de realizar los cambios que requiere el país tienen talento, valor personal, sentido de sacrificio y honestidad probada, sólo falta que se acerquen mutuamente, con sentido de desprendimiento, alta generosidad, entrega plena a la causa de los humildes, y despojados de individualismo, de orgullo vano, prejuicios y sectarismo.

12.- Cuando en política se actúa no persiguiendo beneficios personales, en la práctica hay que demostrar que se está dispuesto a realizar los más ingentes esfuerzos para lograr las metas perseguidas y sin importar las consecuencias.

II.- Lo que ha impedido la unidad para triunfar.

13.- Con la misma franqueza que he reconocido, y la sinceridad con que he expuesto las virtudes que como ciudadanos y ciudadanas adornan a muchos hombres y mujeres del pueblo con vocación democrática y progresista, también debo decir que a algunos les ha faltado nobleza, desprendimiento y espíritu unitario.

14.- Algunos han puesto por delante su historial de lucha e incidencia en la vida pública, méritos personales y abolengo para obstaculizar acuerdos con fines políticos fructíferos; han sobresalido las minucias y las bagatelas. Las ponzoñas y el veneno del individualismo han sentado reales para impedir la unificación de organizaciones que se suponen libres de limitaciones pueriles.

15.- Cuestiones insustanciales, sin trascendencia alguna, han sido colocadas por delante de lo más importante que es la unidad de acción para acercarnos al poder y dejar de estar en el campo de las lamentaciones. Lo trivial ha ocupado un espacio en el curso de conversaciones unitarias, aunque se sabe que lo vano no conduce a nada útil para lo que conviene al pueblo dominicano.

16.- Es evidente que aquellos que ponen sobre la mesa de negociaciones cuestiones personales, no quieren la unificación con los que buscan unirse para avanzar y triunfar. Es pura quimera, fantasía politiquera, creerse por encima de la necesidad de la unidad, en nombre de un alegado prestigio que sólo sirve como satisfacción individual.

17.- Es prisionero de su individualismo, encarcelado de ideas retardatarias, aquel que para que no prospere la unidad, saca a relucir y hacer alarde de la vida pública suya o de su familia. La petulancia, el comportamiento de presumido, el proceder engolado, daña el trabajo por la unidad basada en puntos sencillos, fácil de concertar.

18.- Pavonearse de ser un ciudadano prominente, alardear de muy preparado, fanfarronear de ser luchador contra la corrupción, y cuantas pavadas pueden salir de la garganta de un progresista presumido, sólo sirve para separar, aislar y desunir, pero jamás para unificar a los que quieren la unidad sin prejuicios altaneros, muy propios de aquellos que no sirven para unir, sino para dividir.

19.- Hace labor de diversión, convierte los trabajos unitarios en pasatiempo político quien se encierra en detalles y argumentos sin sentido, para torpedear cualquier encuentro propicio para la unificación de los que aspiran a construir un país nuevo, diferente al que tenemos ahora, averiado por todas partes.

20.- La soberbia, muy propia del jactancioso que se cree portador de la verdad y razón única, nada aporta a la unión entre los que accionan en política sin pensar en la mercancía dinero, ni vanagloriándose por haber cumplido con deberes como ciudadano. El engreimiento espanta la labor unitaria y conduce a lo estéril e ineficaz. El presuntuoso y fatuo, hace labor disolvente; disgrega, no solidifica; descompone, no concentra; separa, no congrega.

21.- Aquel que va a negociar exhibiendo méritos personales y poniendo condiciones, desvirtúa, adultera el ambiente que debe imperar para la unidad; aniquila de entrada el espíritu de concordia y quita impulso a la buena voluntad unificadora. El más mínimo detalle negativo paraliza una cita para la unidad, impide el trato fraterno, frena la camaradería, y retrasa futuros encuentros en buen ánimo para la concertación.

III.- Posiciones personales asumidas que dañan la unidad. Necesidad de crear ahora, en este preciso momento, un instrumento unitario

22.- En busca de unir a los que creen que son necesarios los cambios en el país, hay que dejar de aplicar los métodos que hasta ahora no han dado resultados positivos para juntar. La desunión motivada por cuestiones personales no debe continuar impidiendo la unidad entre personas valiosas, de excelentes condiciones políticas, meritorias, notables por su trayectoria al lado de las mejores causas.

23.- La prepotencia de creerse líder de masas, dirigente único indispensable, guía popular, conductor del pueblo, caudillo de nuevo cuño, jefe de jefes, en fin, suponerse por encima de los demás, no aporta nada positivo a la unidad del movimiento democrático. Las pretensiones, las ambiciones de liderazgo no pueden prevalecer a la necesidad de unificar a los que pueden y deben cambiar el rumbo del país. La unión es lo que debe imperar sin sujeción alguna.

24.- Los deseos de sobresalir como dirigente no contribuye a la unificación; el papel de predominar sobre los otros luchadores democráticos y populares, no aporta, resta. Nadie debe considerarse imprescindible para excluir a otros; relegar a un compañero debilita la unión. El objetivo debe ser sumar, incluir a todas y todos los que estén dispuestos a trillar el camino de la unidad para el triunfo.

25.- En procura de lograr los objetivos propuestos, que deben estar basados en la unidad de propósitos, hay que superar las falsas creencias de cabeza organizativa, directivo necesario y orientador ideológico sobresaliente. El engreimiento y el providencialismo no conducen a otra cosa que no sea al aislamiento de quienes deben estar unidos.

Reflexiones finales

a.- En nuestro país, otro proceso electoral está llegando a su final, y del mismo miles y miles de ciudadanos y ciudadanas, no han sido más que simples espectadores, sin motivación alguna, manteniéndose en posición de espera; viendo prolongarse la opresión al pueblo; aumentando las lacras sociales; y la degradación de la sociedad se hace más y más notoria. El desaliento se impone al ánimo, el abatimiento al aliento y la desmoralización al optimismo.

b.- Corresponde a los mejores hombres y mujeres del país, a los que no se venden ni se doblan, animar al pueblo, imprimirle ánimo, espíritu de triunfo, voluntad de vencer para alcanzar logros. De ahí la necesidad de pensar en derrotar a los que se han burlado de las grandes mayorías nacionales condenándolas a la desigualdad, el atraso, el abandono y el desprecio.

c.- Llegó el momento de poner a un lado las fruslerías, las nimiedades que nos dividen; las menudencias que nos separan; las bagatelas que nos aíslan; las naderías que nos hacen ver como políticos frustrados; derrotados por ser miopes y fracasados revolucionarios. La ocasión es para lograr lo que siempre hemos perseguido: triunfar para la felicidad del pueblo y materializar nuestras ideas.

d.- La coyuntura actual es propicia para pensar constituir, en el futuro, una gran alianza política en provecho del pueblo; confeccionar el instrumento que exprese las aspiraciones de las masas populares; crear un conjunto de fuerzas políticas unificadas alrededor de un programa común mínimo viable a ejecutar por todas y todos los que creemos que podemos luchar y triunfar.

e.- Llegó la oportunidad para componer el órgano que hará posible consumar nuestros anhelos de tener un país mejor, diferente al que tenemos que sólo existe para que grupos de politiqueros desaprensivos satisfagan sus desmedidas aspiraciones contra el pueblo trabajador.

f.- Es la situación adecuada para que los grupos organizados, pero dispersos, que persiguen iguales objetivos, se acerquen para dejar establecida la plataforma alrededor de la cual se han de unificar los hombres y mujeres que, libres de ambiciones personales, van a aportar para que terminen las pesadas aflicciones y renazca el alivio, el sosiego de los que en este país han luchado para construir un ambiente de alegría para todas y todos.

g.- Es ahora la circunstancia favorable para pensar en el futuro político del país, y olvidar el presente pesaroso; la situación es la ideal para trabajar unidos en una misma dirección; emplear el tiempo en tocar la conciencia y el corazón de los que han demostrado que luchan por cambios verdaderos. Es conveniente que de nosotros se apodere todo lo que resulta necesario para unirnos hasta la hora del triunfo y más allá.

h.- Debemos olvidar rencores y pasadas desavenencias. En procura de la unidad pasar por alto los conflictos que sucedieron; borrar las palabras que fueron divisionistas; ignorar las petulancias, arrogancias y prepotencias que ayer dañaron la unidad; omitir cualquier expresión que haga recordar recriminaciones insensatas. De lo ocurrido anteriormente y que estropeó proyectos unitarios, no recriminar a nadie; no hay tiempo para hablar de culpas, responder acusaciones, regaños, ni amonestaciones. Es el instante de aprobar y elogiar por la unidad.

i.- Las masas populares dominicanas no pertenecen a nadie y están ahí, a la espera de que sus más consecuentes intérpretes se unifiquen alrededor de un instrumento que las guíe para librar decisivas batallas políticas y sociales, con el fin de alcanzar el poder, y sacar así a nuestro país del lodazal que lo ha metido la minoría nacional, convirtiéndolo en inviable, en un medio social deplorable, en una especie de peste, carcomido de calamidades, dominado por vicios sociales, en sí, en una ruina moral y material.

j.- Hago la observación de que este escrito lo he elaborado para ser tomado en consideración una vez concluyan las votaciones del próximo domingo 15 de mayo; por todos los dominicanos y dominicanas, sin importar ubicación clasista, criterio ideológico, etnia o preferencia sexual, bastando que estén de acuerdo con que el país no puede seguir como hasta ahora, y que debemos unirnos para crear un Estado donde funcionen las instituciones y adecentar la vida pública a todos los niveles.

Santiago de los Caballeros,
10 de mayo de 2016.





Tuesday, March 1, 2016

AMIGOS TRUJILLISTAS-IZQUIERDISTAS: LA MAYORIA DE LOS PARTIDOS POLITICOS QUE VAN A COMPETIR EN EL PROXIMO TORNEO ELECTORAL, SON PARTIDOS POLITICOS QUE LO QUE BUSCAN ES RIQUEZA PERSONAL, Y ROBARSE TODO EL DINERO DEL HERARIO PUBLICO. NO APOYEN A NINGUN PARTIDO POLITICO. PORQUE LA UNICA SOLUCION PARA EL PAIS ES UNA LUCHA ARMADA VIOLENTA !!


La sociedad dominicana está en medio de una campaña electoral, a menos de tres meses para que se celebren las elecciones generales a nivel presidencial, congresual y municipal, casi toda actividad en el país gira en torno al venidero torneo electoral: las actividades faranduleras, pasando las deportivas, culturales, gremiales, hasta las económicas, educativas y reivindicativas, están impregnadas de ese tufo nauseabundo que genera un proceso electoral en el que no se debaten los problemas sociales, sino quienes dispondrán del erario para beneficio suyo y de sus allegados.

Desde todos los litorales nos bombardean con propaganda y publicidad sobre las virtudes de sus candidatos y los defectos de los contrarios. Los espadachines a sueldo (o aspirantes a serlo en un hipotético nuevo gobierno) de  los diferentes partidos en pugna por el erario, hacen lo indecible por convencernos de lo “trascendental’’ de este proceso electoral, se desviven por persuadirnos de que en él se juega el futuro de nuestra sociedad, valiéndose de todo tipo de argumentos como parapeto para ocultar lo que en verdad se juega en el próximo certamen electoral.

No obstante esos obstinados esfuerzos, cuando, brevemente, cesa el ruido de la alcahuetería electorera, nos encontramos en que ni uno sólo de los grandes problemas que padece nuestra sociedad está siendo debatido, que no hay propuestas ni entendimiento de los males estructurales que nos aquejan, que gane quien gane, que pase lo que pase, la situación de la inmensa mayoría no cambiará y si lo hace sería para mal.

Lo que está en juego en las elecciones venideras, salvo en contadas candidaturas, es el futuro económico y político de las hordas que se disputan el erario.


El futuro de la inmensa mayoría de la sociedad dominicana está en juego en el día a día, en la capacidad de organizar las clases explotadas y sectores oprimidos para luchar efectivamente y exitosamente por la conquista de sus reivindicaciones y derechos, y, sobre esa organización y lucha, transformar integralmente las estructuras de nuestra sociedad para el bienestar colectivo

Monday, February 29, 2016

LOS DOMINICANOS TRUJILLISTAS-COMUNISTAS TENEMOS QUE DESTRUIR LOS GIGANTES, Y NO CONFORMARNOS CON DESTRUIR LOS MOLINOS DE VIENTOS !!


Pese a los sucesivos gobiernos de los partidos capitalistas de la Republica Dominicana (PLD, PRD, PRSC y PRM) del sistema a lo largo de nuestra historia y en especial a partir de la era de democracia formal, las necesidades básicas de la mayoría de personas en nuestra sociedad, no sólo no han sido satisfechas adecuadamente, sino que han crecido.

Durante décadas la lucha política en el país no ha sido más que una rebatiña por el control del presupuesto nacional por parte de las organizaciones políticas existentes y el resto de la sociedad se ha dejado arrastrar a ese pleito por el erario sin que los diversos sectores que se ven afectados por el actual ordenamiento social saquen de ello ganancia colectiva alguna. La sociedad, integrada por sus diversas clases y sectores ha sido desviada en sus luchas al enfrentamiento con molinos de viento mientras los verdaderos gigantes se ríen a carcajadas.

Para que las sempiternas necesidades de la inmensa mayoría sean satisfechas, es imprescindible dar un giro a la lucha política articulando un programa que se construya a partir de esas necesidades insatisfechas de la mayoría de la sociedad y de las clases explotadas y sectores oprimidos.

Ese programa revolucionario debe ser integral, impulsado desde las luchas clasistas, sectoriales y territoriales pero con un claro enfoque de que no hay solución real si esta es parcial, haciendo énfasis en que sólo a partir de una transformación completa de la actual estructura social puede generar los cambios necesarios y permanentes.

Desde el partido Comunista impulsamos y apoyamos las luchas contra los problemas reales que padece nuestra sociedad y planteamos soluciones revolucionarias e integrales y permanentes a los mismos. 

Sunday, January 3, 2016

PROPUESTA POLITICA REVOLUCIONARIA DE LOS TRUJILLISTAS-CAAMAñISTAS DOMINICANOS


No puede haber revolución en una sociedad históricamente determinada, al menos en la sociedad humana actual, sin un núcleo de mujeres y hombres que orienten el accionar de las masas explotadas y oprimidas hacia la materialización de objetivos estratégicos que hagan posible esa transformación revolucionaria, es decir, no puede haber revolución sin un partido revolucionario.

Un partido revolucionario no puede construirse  más que alimentándose de la clase que, en la sociedad en la cual existe ese partido, constituya la clase revolucionaria.

Puesto que vivimos en una sociedad capitalista en la cual la burguesía es la clase dominante, la única clase verdaderamente revolucionaria de las que se enfrentan a esa burguesía hoy, es el proletariado, por tanto,  con ella es que debe construirse el partido revolucionario en nuestra sociedad actual, para alrededor de ella, guiar al resto de clases y sectores oprimidos. El partido revolucionario de hoy debe ser pues, un partido obrero.

Es alrededor del partido revolucionario, construido sobre la base de la clase revolucionaria, que se han de agrupar las clases explotadas y las masas oprimidas de esa sociedad, para, juntas, enfrentar y derrotar a la clase o bloque de clases opresoras y construir la nueva sociedad.

La construcción del partido revolucionario es, por lo tanto, la tarea principal  y más urgente de toda mujer y todo hombre que se considere como tal. La apuesta de las personas revolucionarias debe ser  a la organización y educación de las clases explotas y sectores oprimidos para desarrollar luchas exitosas que vayan logrando conquistas y cambiando la correlación de fuerzas en la lucha de clases contra la burguesía y sus aliados hasta que podamos derrotarla dando inicio a la revolución socialista.

Los principales males que padece nuestra sociedad, en particular, y la humanidad, en general, son estructurales y por tanto sólo tendrán solución con cambios en las estructuras de la sociedad, es decir, sólo encontrarán solución mediante una revolución social que destruya el actual sistema imperante y construya nuevas instituciones acordes con la realidad y las necesidades de la sociedad actual.

La sociedad capitalista ha sintetizado en sí todo tipo de propiedad privada que le antecedió y la ha puesto al servicio del beneficio de la burguesía que se enriquece mediante la explotación de mano de obra asalariada y tiende a socializar la producción pero manteniendo un modo de apropiación privada, individual, siendo así, sólo la organización socialista de la sociedad, donde la producción social generada por el capitalismo se complemente con la apropiación colectiva del producto del trabajo humano, podrá generar una sociedad beneficiosa para la colectividad y no sólo para un puñado de individuos. Sólo la sociedad socialista puede dar respuesta a las necesidades colectivas generadas por el capitalismo.

Los males estructurales que padece nuestra sociedad son comunes al resto de la humanidad, por lo tanto, el carácter de la revolución es internacional. La revolución necesaria hoy debe ser pues, proletaria e internacional.

Hay que construir una nueva dirección política revolucionaria que se coloque al servicio de la movilización independiente de las masas trabajadoras. Con un programa que desenmascaren a la burguesía y el imperialismo, al gobierno, las instituciones del Estado, los partidos del sistema, la burocracia política y sindical, como enemigos de la clase trabajadora y las masas populares, y dar la pelea por nuevas direcciones en que las decisiones sean tomadas en las asambleas de base,  establecer y ejecutar la revocabilidad de la dirigencia.