Monday, December 28, 2015

EL GOBIERNO VENEZOLANO NO TIENE 8 MILLONES DE VOTOS PARA SOBREVIVIR UN REFERENDUM REVOCATORIO EN EL 2016. POR ESO NICOLAS MADURO DEBERIA IMITAR AL EX-PRESIDENTE DOMINICANO GENERALISIMO RAFAEL LEONIDAS TRUJILLO, PARA PODER MANTENERSE EN EL PODER COMO SEA !!


http://www.aporrea.org/poderpopular/a220148.html 

Que números tan hermosos eran aquellos cuando en diciembre 2012, Hugo Chávez fue reelecto Presidente de Venezuela con nada más y nada menos que 8.191.132 votos lo que significó un 55,07% de los votantes frente a su contrincante Henrique Capriles quien obtuvo 6.591.304 lo cual se tradujo en 44,31% de quienes sufragaron. Actualmente el gobierno no tiene esa cantidad de votos. Decir que esos votos siguen siendo del chavismo es como dejar a la esposa pasar varias noches durmiendo fuera de casa pero confiar que no anda haciendo nada malo y que pronto volverá. O sea. Pero como de costumbre, no faltará un grupete de jalamecates histéricos y gobierneros que diga que los cuatro bolsas que escribimos en esta página llamada Aporrea.org somos culpables de la merma electoral chavista en 2015 pues en vez de andar criticando deberíamos mordernos la lengua y aplaudir como hacen los oportunistas asalariados del PetroEstado. Otros más insensatos dirán que la culpa es del pueblo malagradecido que no supo valorar todo lo mucho que se le ha dado. El mundo al revés... Pero basta de ironías y culminemos este fatídico año electoral con un análisis serio que contribuya a reparar los daños, como dicen los gringos "let's do damage control", o sea, hagamos control de daños. El 06-12-2015 la oposición logró 7.707.422 votos mientras que el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) apenas alcanzó 5.599.025 votos. 

Lo anterior se traduce en una ventaja mayor a los dos millones de votos y le dio no sólo el triunfo electoral a la oposición en la Asamblea Nacional sino adicionalmente una mayoría calificada de 112 diputados contra 55 socialistas. Pocos días antes de las elecciones legislativas del 6 de diciembre de 2015, desde la televisión de Venezuela analizamos el panorama electoral y sus probables consecuencias, sobre todo como estudiosos del Derecho Constitucional. Dijimos que la probable victoria de la oposición podía generar un "Guerra Constitucional", lo que significaba un enfrentamiento del Poder Legislativo o Asamblea Nacional en manos de la oposición en contra del Poder Ejecutivo encabezado por el Presidente Nicolás Maduro. Ver video:

 

Ahora que la victoria opositora se ha confirmado, ratificamos con preocupación que en 2016 están abiertos los escenarios de consulta electoral y ello pudiera desencadenar cambios radicales en el poder político. Por ejemplo, un referéndum revocatorio contra el Presidente o el llamado a una Asamblea Constituyente, esta última puede ser convocada por dos tercios de los diputados del parlamento que ahora pertenecen a la oposición. La viabilidad de estos escenarios dependerá de los niveles de apoyo popular que tenga cada bloque político en 2016 y más allá, pero como explicaremos más adelante, la cuestión económica será decisiva. Hasta el momento la inmensa mayoría de los antiimperialistas venezolanos parecemos entender la urgencia de atender la economía pues son frecuentes los llamados a reunificar las fuerzas políticas en tareas económicas a fin de evitar que el Imperio estadounidense imponga en Venezuela un nuevo gobierno que sea sirviente a sus intereses, tal como ocurriría si el dirigente opositor Leopoldo López u otro semejante llegara a la presidencia. 

 Grandes dificultades económicas sentenciaron las elecciones legislativas porque Venezuela padece escasez de alimentos, medicamentos y otros productos esenciales, así como inflación económica y devaluación de la moneda nacional. Esta crisis tuvo un impacto inevitable en las elecciones. Horas antes del evento electoral conversamos con el intelectual venezolano y periodista de televisión nacional, Manuel Felipe Sierra, un personaje de voz crítica quien no vaciló en afirmar que el triunfo sería del "voto castigo" contra el gobierno debido a la negativa situación económica. También nos habló de la observación internacional como mecanismo de presión contra el país. Ver video:

 

En efecto, mientras que los partidarios de la oposición se presentaron con niveles de participación tradicional durante los últimos años, los chavistas o socialistas venezolanos estuvimos por debajo de nuestro promedio de votantes en comparación a las elecciones presidenciales de 2012 donde Hugo Chávez resultó triunfante con amplia ventaja. Repetimos, en 2015 la oposición logró 7.707.422 votos mientras que el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) apenas alcanzó 5.599.025 votos. Lo anterior se traduce en una ventaja mayor a los dos millones de votos y le dio no sólo el triunfo electoral a la oposición en la Asamblea Nacional sino adicionalmente una mayoría calificada de 112 diputados contra 55 socialistas. Como episodio positivo podemos resaltar que de manera ejemplar, el Presidente Maduro fue el primer ciudadano en reconocer la validez del resultado anunciado por el Consejo Nacional Electoral, máxima autoridad que regula los procesos electorales en Venezuela. 

Asimismo, el acompañamiento de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) fue exitoso durante una fiesta electoral sin tropiezos. Internacionalmente fue derrotada la campaña mundial de propaganda que hizo creer a muchos que el gobierno venezolano no reconocería una victoria de la oposición; igualmente fueron desmentidos quienes decían que el sistema electoral venezolano sería manipulado a favor del gobierno. Prevaleció un comportamiento pacífico de los dirigentes políticos revolucionarios llamando a sus millones de seguidores a mantener la calma y respetar los resultados. En cuanto al análisis político interno, el Presidente Maduro fue tajante al señalar que el resultado adverso era consecuencia de una "Guerra Económica" promovida por la oposición venezolana donde participan empresas privadas que han reducido su actividad económica para causar malestar en la población. 

Maduro culpa al Gobierno de Estados Unidos de América en esa "Guerra Económica" contra Venezuela. No obstante la oposición niega la existencia de tal guerra y subraya que se trata de retórica creada por Maduro para evadir su responsabilidad por su administración económica. Dicen los dirigentes opositores, que el modelo socialista venezolano ha forzado la quiebra de la economía privada al imponer regulaciones de precios y otras medidas erróneas que espantan la inversión empresarial. Algunos acusan al gobierno de expropiar miles de empresas y luego no ser capaz de administrarlas con eficiencia y alta productividad. Aseveran que Maduro viola el derecho a la propiedad privada y genera escasez de alimentos y medicinas en perjuicio del propio pueblo venezolano. Todo indica que la oposición venezolana pretende un retorno al capitalismo neoliberal (libertad económica total para empresarios) con la promesa de que sólo así volverá a existir abundancia de productos y podrán los venezolanos recuperar el bienestar perdido. En este contexto la Mesa de la Unidad Democrática (alianza que agrupa a los partidos antichavistas) manifiesta que la victoria del empresario millonario Mauricio Macri como nuevo presidente de Argentina revela que los pueblos de América Latina están cansados de gobiernos de izquierda que no son capaces de satisfacer las necesidades económicas y sociales de los ciudadanos. Desde nuestra óptica como estudiosos de los acontecimientos políticos e internacionales, consideramos que dos discursos se enfrentaron en las elecciones legislativas venezolanas, por un lado el del gobierno de Maduro denunciando la "Guerra Económica"; por el otro el de la oposición nacional apoyada por EEUU planteando el "fracaso económico del socialismo venezolano". Con pragmatismo los resultados electorales obligan al gobierno a trabajar con énfasis para resolver la crisis económica que padece Venezuela, independientemente de la identidad o clase social de los promotores de esta mala situación o que la misma pueda recibir el nombre de "Guerra Económica" impulsada por la burguesía nacional, la oposición venezolana y/o el Imperialismo de EEUU. Nótese que millones de venezolanos, chavista y no chavistas, pudieran no estar interesados en si la guerra existe yo simplemente reclaman soluciones prácticas e impostergables. 

 Los actuales problemas económicos del país le hacen fuerte daño electoral al gobierno de Maduro y favorecen a la oposición, eso lo expresa claramente el resultado electoral de 2015 y de allí el peligro latente de que resultados semejantes ocurran en el futuro cercano si no se aplican correctivos o un "golpe de timón". Varios intelectuales revolucionarios recomiendan ejercitar la autocrítica revolucionaria y la rectificación oportuna, sobremanera llaman a una mayor unidad entre militantes socialistas y concentrar esfuerzos en promover un socialismo eficiente en lo económico con capacidad para generar bienes y servicios para abastecer al pueblo venezolano. Muchos chavistas proponen reforzar la política de alianzas, exigen más democracia interna, más dirección colectiva, más espacios para el debate, mayor combate contra el burocratismo y la corrupción. El reto es recuperar el apoyo político y electoral de los millones de simpatizantes del Chavismo que no votaron este año.

Wednesday, December 9, 2015

UN ARTICULO CIENTIFICO SOBRE UNA ENORME DE PODER Y DEL ESTADO Y UNA CRISIS ECONOMICA, PSICOLOGICA, SOCIOLOGICA Y POLITICA EN VENEZUELA Y OTROS PAISES DE AMERICA LATINA Y EL CARIBE


La confirmación de que la oposición ha obtenido el 66% de los escaños de la Asamblea Nacional ha creado, en Venezuela, un impasse político insuperable. Esta mayoría doblemente calificada otorga al Parlamento la facultad de neutralizar la acción del Poder Ejecutivo e incluso de proceder, a término, a su destitución. Se ha creado una suerte de doble poder en el marco de una crisis económica de características catastróficas. Las manipulaciones electorales del oficialismo para conseguir un empate parlamentario potenciaron a la oposición derechista, que ganó en las circunscripciones sobre representadas por la reforma electoral. 

El chavismo ha respondido a este impasse excepcional duplicando las apuestas, puesto que se ha apresurado a anunciar que no otorgaría una amnistía a los presos con condena judicial firme que pertenecen a la oposición, algo que haría en menos de un mes el nuevo poder legislativo. La oposición, por su lado, ha ofrecido al gobierno la ejecución de un plan que haga frente al derrumbe económico –un planteo maniobrero que no tiene viabilidad, uno, porque implicaría un ajuste violento que el oficialismo no tiene condiciones de aguantar, y, dos, porque chocaría en forma violenta con el entramado de la burocracia chavista con los negocios del Estado. Los resultados extraordinarios de las elecciones limitan seriamente una solución militar al impasse que se ha creado: no sería viable si no transfiere el gobierno a la oposición triunfante –por ejemplo convocando a elecciones ejecutivas inmediatas. 

El sector mayoritario de la oposición tiene conciencia de que este impasse podría desembocar en una explosión social y política que no desea de ninguna manera. Por eso ha caracterizado a su victoria como un “voto castigo”, lo cual implica que no adjudica al voto que ha obtenido un mandato para que se postule como alternativa política inmediata al chavismo y al Ejecutivo. El líder opositor Henrique Capriles ha reiterado, en esta línea, el reclamo de que “el gobierno cambie”, esto para evitar “cambiar el gobierno”. La fracción de opositores que encabezan el encarcelado Leopoldo López y María Corina Machado plantea pasar a la vía de los hechos. En los actos de celebración de la victoria electoral, unos y otros marcharon separados. La fractura del Estado que han dejado al desnudo los resultados electorales incorpora la división dentro del oficialismo y dentro de la oposición. La llamada ‘comunidad internacional’ presiona por una ‘salida dialogada’, precisamente porque teme una explosión social, con total conciencia de que es inviable y que tendrá que encauzar una situación con implicancias revolucionarias. 

La evolución de los acontecimientos en Venezuela muestra las limitaciones e incluso la falacia de que América Latina estaría atravesando “un cambio de ciclo” –del ‘populismo’ al ascenso de ‘una derecha moderna’, o directamente al ‘ascenso de la derecha’, como asegura una izquierda políticamente inestable. El mundo giraría, así, entre dos polos, cuyo centro de gravedad sería la vigencia del capitalismo; las tentativas nacionalistas son tomadas como el equivalente a una revolución social. Venezuela, por el contrario, deja expuesta otra cuestión: la crisis e incluso la inviabilidad del Estado realmente existente y de las relaciones sociales capitalistas. El chavismo fue una respuesta a las situaciones revolucionarias potenciales que planteó el caracazo de 1989, que al dejar al desnudo sus limitaciones insalvables devuelve al país a sus condiciones iniciales pero con la proyección superior que supone el agotamiento de esta experiencia y la crisis capitalista mundial. Una restauración al ‘status quo ante’ amenaza desatar una crisis revolucionaria superior a las del pasado. De lo que se trata ahora es de ofrecer una línea de acción a los trabajadores frente a estas nuevas circunstancias históricas. El izquierdismo inestable (centrismo) propone, en cambio, el seguidismo al chavismo o al kirchnerismo cuando las limitaciones de estos movimientos circunstanciales e improvisados han alcanzado la estación terminal. 

La crisis que se ha abierto en Venezuela incorpora a América Latina en la crisis internacional en curso. La bancarrota del chavismo como el de sus asociados en el continente está vinculada al derrumbe del precio de las materias primas –ella misma relacionada con la velocidad que ha adquirido la crisis capitalista en China, a su vez afectada por la profundización de la bancarrota mundial. No hay ‘restauración’ que ponga remedio a esta situación –simplemente la puede convertir en explosiva. El alcance del chavismo acompaña la curva del precio internacional del petróleo. La crisis desatada por las elecciones desatará una nueva pugna por el petróleo venezolano –una réplica de lo que ocurre en el Medio Oriente. El destino de Pdvsa y el desarrollo productivo del Orinoco replicará lo que ocurre con Petrobrás. La asociación de Pdvsa con capitales europeos y chinos ha sido inútil para desarrollar productivamente las reservas del país; ahora volverán a la pelea los capitales norteamericanos. El derrumbe del chavismo convertirá a Venezuela y a América Latina en campo orégano de la disputa por nuevos repartos de recursos y territorios entre las potencias capitalistas. 

Lo ocurrido en Venezuela podría afectar las negociaciones de Colombia con las Farc, y por sobre todo el alcance de lo que se acuerde. La mitad de la oposición venezolana es uribista. El gobierno Obama acaba de reforzar con el presidente Santos el Plan Colombia y el desarrollo de las bases militares. También afecta la llamada ‘normalización’ de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Se trata de que la izquierda caracterice en forma adecuada la fractura de estas supuestas alternativas para alcanzar la ‘estabilidad’ internacional y oriente con un programa y una organización a los obreros y campesinos. Cuando Capriles habla de ‘voto castigo’ está reconociendo que el electorado no ha asumido posiciones derechistas sino que ha reaccionado empíricamente, debido a una falta de preparación política previa, a una situación política y económica desesperante. Las masas pagan el seguidismo de sus direcciones al nacionalismo. Esto ha ocurrido también en Argentina, donde Scioli y Macri obtuvieron para sus listas solamente un tercio de los votos, respectivamente, y aun estos como votos en contra más que a favor. 

En Venezuela (como también en Brasil, Argentina o Ecuador y Bolivia) hay un movimiento obrero clasista importante. Se encuentra, sin embargo, en una encrucijada, porque en nombre de una ‘lucha contra la derecha’ podría renunciar a una acción política independiente, como en gran parte ha ocurrido hasta ahora. Las distintas expresiones del nacionalismo de contenido burgués de esta etapa han entrado en declinación irreversible. La vanguardia de ese movimiento obrero clasista debe caracterizar adecuadamente el momento actual: fractura del Estado y la economía capitalista y una tendencia a la explosión social o situaciones pre-revolucionarias. La consigna del día es convocar a ese movimiento obrero a formar partidos obreros independientes y a introducir el tercer factor político consciente en la crisis enorme que se ha abierto. 

Jorge Altamira 

Publicado por Opción Obrera en 6:05 p. m.